Este poema está extraído de un cuaderno de anotaciones que empecé a escribir durante mi estancia en los Alpes y que fui reconvirtiendo, con el tiempo, en un libro de experiencias, vivencias y reseñas de montaña.
El poema, titulado Alma quebrada, fue escrito en el verano del año 2012, tras unos días escalando en los Alpes franceses. Hacía menos de diez días que había ocurrido una tragedia bajo el Col de Maudit, donde nueve montañeros perdían la vida por un alud. Y es que la muerte está siempre presente en este deporte.
Mont Maudit desde el Mont Blanc du Tacul
Todavía recuerdo el momento bajo aquel collado, donde unos días antes se desataba la catástrofe. Miraba a mi compañero de cordada, anudado a mi vida, y se me estremecía el alma solo con pensar que pudiera pasarnos algo.
Imagen de archivo en las inmediaciones al Col de Maudit
Y ese efímero recuerdo fue suficiente para inspirar el poema. Porque me imaginé diciéndole adiós a un amigo para siempre. Y ese dolor no debe ser fácil de soportar.
Alma quebrada
Soy la tempestad
que secuestra un cielo en calma;
soy la nieve que irrumpe
y esparce su crudeza
sobre un rostro indiferente.
Soy la grieta
que busca de puntillas,
regocijada en el silencioso lamento
del que aún no ha decidido morir.
Soy el abandono eterno,
salpicado de odio.
Soy la mirada que rehuye una venganza,
una vieja herida
de pie junto a un camino helado.
Soy tus ojos, amigo,
tu adiós forzado.
Soy una huella abierta
en una noche estrellada;
así quieren los vientos
sepultar mi dolor,
arrastrado, inconsciente,
en una evocación infinita.
Soy la cuerda anudada
para siempre a tu recuerdo.


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